Cuadernillo 00 - El café apareció en el camino
Una historia sobre curiosidad, conservación y una taza que empezó a significar algo diferente.
Una historia sobre curiosidad, conservación y una taza que empezó a significar algo diferente.
Algo de Colombia que yo no conocía
Crecí, como muchos colombianos, tomando café sin preguntarme demasiado de dónde venía. En mi casa preparábamos café instantáneo y para mí eso era, simplemente, café.
Cuando todavía estaba en el colegio, recibimos en casa a un amigo extranjero que estaba visitando Colombia. Se sorprendió al ver el café que tomábamos y un día llegó con café colombiano de especialidad. Nos enseñó a molerlo y a prepararlo.
Recuerdo la sorpresa de descubrir algo de mi propio país a través de alguien que venía de afuera.
Colombia era reconocida en el mundo por su café y yo sabía muy poco sobre él.
En ese momento no imaginaba que, años después, volvería a encontrarme con el café desde un lugar completamente distinto.
El café volvió a aparecer
Mi vida profesional me llevó a trabajar en conservación de la biodiversidad. En uno de mis primeros proyectos trabajé con familias caficultoras que vivían alrededor de áreas protegidas y participaban en procesos de conservación e investigación del oso andino.
Con ellas empecé a conocer la vida detrás de una finca cafetera: las variedades, la cosecha, el clima, las distancias y las dificultades de producir en lugares apartados.
También conocí familias que protegían el bosque, cuidaban fuentes de agua y convivían con la fauna porque habían decidido hacerlo. No necesariamente recibían un reconocimiento económico por conservar. Era parte de la relación que habían construido con el lugar donde vivían.
Y entonces apareció otra sorpresa.
Lo que no sabíamos de esa taza
Muchas de esas familias vendían su café en pergamino y ahí terminaba, para ellas, la historia del grano. No necesariamente sabían qué ocurría después ni todo lo que podía encontrarse en una taza hecha con su café.
Hasta que empezamos a probarlo.
Los análisis mostraron que algunos tenían perfiles de especialidad. Había una calidad que podía pasar inadvertida y, detrás de ella, personas y territorios que también tenían mucho que contar.
Yo tampoco sabía todavía demasiado de café, pero ahora tenía mucha curiosidad por saber mas.